Juan José Di Maggio
La lógica del ZOO
Dicen que soy un Híbrido. Nací en la Tierra producto
de un experimento que contemplaba una serie de procedimientos quirúrgicos y
manipulaciones genéticas controladas. Mi madre abducida en el 61, tiempo
terrestre, pasó unos años en la Estación Celea, en el lado oscuro de la Luna.
Cuando se les permitió a las bisoñas misiones Apolo alunizar decidieron retirar
las bases cercanas… y mamá se estableció definitivamente en las colonias
humanas de Cristal City, en el satélite jupiteriano Calisto.
Trabajé 35 ciclos,
tiempo selénico, para la Federación Galáctica, relevando la actividad
extraterrestre y su correcto relacionamiento con la humanidad de superficie de
la Tierra. Mis informes han sido utilizados para penalizar intromisiones no
ajustadas a los protocolos de invisibilidad, de no alteración karmática y
respeto del libre albedrío de civilizaciones en vías de evolución.
Se muchas historias y hoy, desde mi chacra en Fraile
Muerto, Cerro Largo, mi querida tierra uruguaya, tierra de la Tierra, voy a
contarles una:
Recuerdo que hace 350 mil centurias, tiempo
centauriano, mandaron una delegación de miembros de la Unión Estelar del
Centauro, localizada entre las constelaciones de Lupus (el lobo) y Vela, que
forma parte del barquito --como le llamo yo-- Argo Navis, con Carina (la
quilla), Puppis (la popa) y Pyxis (la brújula). Aquí se conoce más a Próxima
Centauri, una de las estrellas más brillantes de ese sistema estelar triple;
Rigil Kent o Alfa, considerada la más cercana a la Tierra a 4,22 años luz,
tiempo terrestre. Ellos, los enviados, eran seres dinoide-reptoides, no
conocían el patrón humano, no estoy seguro… pero creo que; justamente para eso
decidieron visitar la Tierra. Poseen notables condiciones para la diplomacia
interestelar y la exopolítica, contando con androides provistos de códigos
computarizados adaptables a cualquier idioma del Universo. La misión debía
realizar un estudio antropológico eligiendo presentarse en un lugar determinado
en estado etérico-astral para no ser vistos por los naturales y respetar los
protocolos de invisibilidad. Precisaron coordenadas de acceso en un espacio-jardín
de alta concentración bioenergética en relación a las variadas formas y allí se
personaron. Partieron utilizando un agujero negro supermasivo, creo que el de
la galaxia M87, y a modo de Agujero de Gusano lograron un atajo en el
espacio-tiempo conectando con el portal de Júpiter. Finalmente asentaron su
gran nave nodriza en Fogos. Desde tal portento tecnológico en forma de
escarabajo de unas 400 ralas, comparación terrestre y distancia marciana, se
teleportaron tres de ellos, y en 12 diris, tiempo hiperespacial, lograron
materializarse en Balboa Park, San Diego, California, USA, continente
americano, hemisferio norte, Tierra.
Queriendo comprender la lógica del ZOO, como titularon
posteriormente su informe, debían ser eficientes ya que sólo podían permanecer
unos 27 cus, tiempo centauriano. Pusieron manos a la obra. Registraron primero
a un individuo de cuatro patas que parecía tener ramas en la cabeza, les
pareció que se hallaba en estado vegetativo. Clasificaron a otro ser manchado y
con un larguísimo cuello, suponiendo una deformación por alteración exagerada
de la glándula tiroides. Describieron otro como muy agresivo, debía estar
encarcelado, con un exceso de pelo sólo alrededor de su cabeza, seguramente por
una acción queroproteínica localizada. Vieron otros muy parecidos, aunque sin
la desmesurada concentración pilosa, uno negro, otro repleto de manchas y otro
a rayas, bueno, se maravillaron con la variedad de arte epidérmico, suponiendo
la actuación de algún excéntrico y avezado tatuador. Observaron un gran
individuo con gigantes orejas y una trompa muy larga, hicieron especulaciones
de todo tipo sobre la razón de tal apéndice, uno de ellos defendía tozudamente
la hipótesis sexual, hasta que un fuerte barritar les asustó y con sus oídos
algo afectados reanudaron la ecléctica excursión.
--¡Qué seres primitivos! es raro el contraste de la
biointeligencia evolutiva con una diligente logística y meticulosa labor
constructiva. Todo parece un enorme catálogo viviente –comentó Gorwall, el
ingeniero mecatrónico de los delegados centaurianos.
Reflexionaron en la posible dominación de una raza
superior y siguieron recorriendo.
Miraron con asombro a muchos seres con plumas, cosa
que no conocían.
--Sólo faltaría que uno de éstos salga volando, ¡es el
colmo! --dijo con sorna Vantar, el holografista telecomunicólogo de la misión.
En un enorme estanque un espécimen lucía un gran
caparazón y cerca de él había varios ejemplares de piel escamosa, rojos y
verdes, de ojos redondos y saltones con una hendidura vertical.
--¡Síiii! –gritaron los tres.
Se sintieron eufóricos, al fin alguien llevaba
características a imagen y semejanza de ellos. Les recordarían a sus bebés, claro,
las crestas las veían algo discretas y sus dedos, apenas esbozados, no
mostraban garras prominentes ni bien definidas. Decidieron que ameritaba
capturar sus imágenes holográficamente. Prosiguiendo, les llamó la atención las
manos prensiles de otros seres muy peludos e inquietos que les hacían reír.
Aquellos sonidos chillones, aunque demasiado agudos, recordarían a su gutural
lengua madre centauriana, pero eran feos, muy feos. Vieron entonces en un gran
corral un solitario y taciturno individuo de cuero grueso y un gran cuerno
sobre su nariz.
--¿Habría sido traicionado y dejado por su hembra? por
lo melancólico, claro –acotó el jovial Vantar.
--¡Qué Raro! un ejemplar muy extraño –pensaron todos
al unísono.
Seguidamente Wordull, el comandante de la misión coworking,
miró su brazalete de cronocélula y gesticuló trasmitiendo a los demás que
faltaba poco para regresar, tiempo kinético.
Llegaron entonces a lo que parecía la entrada del
sitio, o tal vez la salida. Allí unos seres parecían pedir limosna detrás de
unas ventanillas, éstos eran de lo más ridículo; deformes, repulsivos,
patéticos, desagradables, nauseabundos, repugnantes y horrorosos, algo jamás
visto, verdaderamente execrable y definitivamente inimaginable.
--¡Qué mal gusto! --Repetía Wordull --¡Qué mal gusto!
vámonos ya.
Se desmaterializaron en un tris, tiempo sinérgico.
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