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“En algún lugar del libro hay una frase esperándonos para darle sentido a la existencia"


Miguel de cervantes

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miércoles, 17 de junio de 2015

Trabajo publicado en la Edición Nº 7 de nuestra Revista Literaria

Juan José Di Maggio


La lógica del ZOO

   Dicen que soy un Híbrido. Nací en la Tierra producto de un experimento que contemplaba una serie de procedimientos quirúrgicos y manipulaciones genéticas controladas. Mi madre abducida en el 61, tiempo terrestre, pasó unos años en la Estación Celea, en el lado oscuro de la Luna. Cuando se les permitió a las bisoñas misiones Apolo alunizar decidieron retirar las bases cercanas… y mamá se estableció definitivamente en las colonias humanas de Cristal City, en el satélite jupiteriano Calisto. 
   Trabajé 35 ciclos, tiempo selénico, para la Federación Galáctica, relevando la actividad extraterrestre y su correcto relacionamiento con la humanidad de superficie de la Tierra. Mis informes han sido utilizados para penalizar intromisiones no ajustadas a los protocolos de invisibilidad, de no alteración karmática y respeto del libre albedrío de civilizaciones en vías de evolución.
   Se muchas historias y hoy, desde mi chacra en Fraile Muerto, Cerro Largo, mi querida tierra uruguaya, tierra de la Tierra, voy a contarles una:

   Recuerdo que hace 350 mil centurias, tiempo centauriano, mandaron una delegación de miembros de la Unión Estelar del Centauro, localizada entre las constelaciones de Lupus (el lobo) y Vela, que forma parte del barquito --como le llamo yo-- Argo Navis, con Carina (la quilla), Puppis (la popa) y Pyxis (la brújula). Aquí se conoce más a Próxima Centauri, una de las estrellas más brillantes de ese sistema estelar triple; Rigil Kent o Alfa, considerada la más cercana a la Tierra a 4,22 años luz, tiempo terrestre. Ellos, los enviados, eran seres dinoide-reptoides, no conocían el patrón humano, no estoy seguro… pero creo que; justamente para eso decidieron visitar la Tierra. Poseen notables condiciones para la diplomacia interestelar y la exopolítica, contando con androides provistos de códigos computarizados adaptables a cualquier idioma del Universo. La misión debía realizar un estudio antropológico eligiendo presentarse en un lugar determinado en estado etérico-astral para no ser vistos por los naturales y respetar los protocolos de invisibilidad. Precisaron coordenadas de acceso en un espacio-jardín de alta concentración bioenergética en relación a las variadas formas y allí se personaron. Partieron utilizando un agujero negro supermasivo, creo que el de la galaxia M87, y a modo de Agujero de Gusano lograron un atajo en el espacio-tiempo conectando con el portal de Júpiter. Finalmente asentaron su gran nave nodriza en Fogos. Desde tal portento tecnológico en forma de escarabajo de unas 400 ralas, comparación terrestre y distancia marciana, se teleportaron tres de ellos, y en 12 diris, tiempo hiperespacial, lograron materializarse en Balboa Park, San Diego, California, USA, continente americano, hemisferio norte, Tierra.

   Queriendo comprender la lógica del ZOO, como titularon posteriormente su informe, debían ser eficientes ya que sólo podían permanecer unos 27 cus, tiempo centauriano. Pusieron manos a la obra. Registraron primero a un individuo de cuatro patas que parecía tener ramas en la cabeza, les pareció que se hallaba en estado vegetativo. Clasificaron a otro ser manchado y con un larguísimo cuello, suponiendo una deformación por alteración exagerada de la glándula tiroides. Describieron otro como muy agresivo, debía estar encarcelado, con un exceso de pelo sólo alrededor de su cabeza, seguramente por una acción queroproteínica localizada. Vieron otros muy parecidos, aunque sin la desmesurada concentración pilosa, uno negro, otro repleto de manchas y otro a rayas, bueno, se maravillaron con la variedad de arte epidérmico, suponiendo la actuación de algún excéntrico y avezado tatuador. Observaron un gran individuo con gigantes orejas y una trompa muy larga, hicieron especulaciones de todo tipo sobre la razón de tal apéndice, uno de ellos defendía tozudamente la hipótesis sexual, hasta que un fuerte barritar les asustó y con sus oídos algo afectados reanudaron la ecléctica excursión.

--¡Qué seres primitivos! es raro el contraste de la biointeligencia evolutiva con una diligente logística y meticulosa labor constructiva. Todo parece un enorme catálogo viviente –comentó Gorwall, el ingeniero mecatrónico de los delegados centaurianos.

   Reflexionaron en la posible dominación de una raza superior y siguieron recorriendo.
Miraron con asombro a muchos seres con plumas, cosa que no conocían.

--Sólo faltaría que uno de éstos salga volando, ¡es el colmo! --dijo con sorna Vantar, el holografista telecomunicólogo de la misión.

   En un enorme estanque un espécimen lucía un gran caparazón y cerca de él había varios ejemplares de piel escamosa, rojos y verdes, de ojos redondos y saltones con una hendidura vertical.

--¡Síiii! –gritaron los tres.

   Se sintieron eufóricos, al fin alguien llevaba características a imagen y semejanza de ellos. Les recordarían a sus bebés, claro, las crestas las veían algo discretas y sus dedos, apenas esbozados, no mostraban garras prominentes ni bien definidas. Decidieron que ameritaba capturar sus imágenes holográficamente. Prosiguiendo, les llamó la atención las manos prensiles de otros seres muy peludos e inquietos que les hacían reír. Aquellos sonidos chillones, aunque demasiado agudos, recordarían a su gutural lengua madre centauriana, pero eran feos, muy feos. Vieron entonces en un gran corral un solitario y taciturno individuo de cuero grueso y un gran cuerno sobre su nariz.

--¿Habría sido traicionado y dejado por su hembra? por lo melancólico, claro –acotó el jovial Vantar.

--¡Qué Raro! un ejemplar muy extraño –pensaron todos al unísono.

  Seguidamente Wordull, el comandante de la misión coworking, miró su brazalete de cronocélula y gesticuló trasmitiendo a los demás que faltaba poco para regresar, tiempo kinético.

   Llegaron entonces a lo que parecía la entrada del sitio, o tal vez la salida. Allí unos seres parecían pedir limosna detrás de unas ventanillas, éstos eran de lo más ridículo; deformes, repulsivos, patéticos, desagradables, nauseabundos, repugnantes y horrorosos, algo jamás visto, verdaderamente execrable y definitivamente inimaginable.

--¡Qué mal gusto! --Repetía Wordull --¡Qué mal gusto! vámonos ya.

  Se desmaterializaron en un tris, tiempo sinérgico.

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