Frase de escritor

“En algún lugar del libro hay una frase esperándonos para darle sentido a la existencia"


Miguel de cervantes

Traductor

Buscar en este blog

martes, 27 de mayo de 2014

Cuentos que integraron nuestra Revista Literaria

Graciela Fernández

Una carta para Martina

Querida Martina: hace días que quiero escribir para ti y la rutina me atrapa y no tengo ese rato de intimidad para dedicártelo, ya que solo en silencio puedo contarte esto; con mucha pena te diré que no pude ver a tu mamá llevándote en la panza. Aunque me la imagino con la cara hinchada y los ojos ansiosos y más hermosos que nunca. La hubiera abrazado muy fuerte hasta que tú me sintieras y molesta porque te apretaba me empujaras con tus patitas. Me perdí de mimarla y de esa manera mimarte a ti. Hacerla erizar rascándole los brazos para que te rieras.

¿Sabes? una mañana me enteré que habías nacido, tu prima más grande estaba llorando y me contó que tuvieron que llevarte lejos de tu mamita para dejarte más linda aún de lo que sos. También me puse muy triste pero por tu mamá. Imaginé en ese momento lo desesperada que estaría por ti, entonces me fui al cuarto, junté las manos y me puse a rezar. Pedí a Dios con todas mis fuerzas perdón por todas las cosas que había hecho y que si algo todavía podía concederme sólo fuera salud para ti y paz para tu mamá.

El lunes cuando fui a trabajar hice saber a todos lo que había sucedido y enseguida todos se pusieron a rezar por ti. Cada uno a su manera; en las misas; organizando cadenas; estábamos todos para Martina. Y también los que no “creen” ponían su pensamiento en positivo y me decían todo va a estar muy bien.

El tiempo pasó, y tú vas creciendo y llenando de novedades a los que te rodean. Siempre pregunto cómo estás y aunque todavía no sé si te voy a conocer, mi amor te espera. ¡Salud Martina!
La tía te ama.
                                                                Graciela




Delma López


La Flor Negra


Aún se perciben vestigios de la antigua estancia…

Los alumnos de tercer año están ansiosos e inquietos; los profesores ultiman los detalles para iniciar la actividad planificada para esa mañana.
Es la primera salida de campo, de los estudiantes y sus docentes al casco de la hacienda; saben que la vegetación del predio se caracteriza por la existencia de especies aborígenes y que todos los catorce de julio, muy temprano, se puede apreciar por un lapso brevísimo, una flor, muy oscura, de cuyos pétalos emana abundante líquido cristalino. ¡Por fin la van a ver!, y tal vez tocar, especulan.

Está amaneciendo, el grupo emprende su caminata, su meta se encuentra a unos tres quilómetros del centro de la localidad, tiene la certeza que va a disfrutar de una jornada didáctica y recreativa.
Los jóvenes avanzan alegremente, los mayores, atentos, van tras ellos; llegan antes de lo calculado. La mayoría de los adolescentes, en alguna ocasión e impulsado por otros motivos, ha ingresado al lugar, pero no le ha prestado mucha atención. Ahora, todos tienen otras inquietudes e intereses… Inician el recorrido del gran predio, observan, recogen “yuyos”..., los profesores orientan y comparten información; clasifican las plantas extrañas, señalan las características del suelo, el rol económico y social de las estancias…; todos buscan intensamente la flor, pero no la encuentran. Descansan, comparten refrescos y golosinas; intercambian miradas; se toman de las manos; juegan; esperan…
Las horas avanzan rápidamente.

-Los comentarios, sobre la flor ¿serán verdaderos? -cuestiona uno de los alumnos.
-No te impacientes –comenta otro
-Preferible estar aquí, y no en clase – agrega un tercero.

Ríen, y algunos hablan en voz baja, para que los profesores no los escuchen.
Un estudiante negro se aparta, y súbitamente comienza a caminar velozmente, casi corriendo, un profesor le pide que no se aleje.

-Regresa –ruega otro.
-¿Qué te pasa; qué te hicimos? -le grita un compañero.

Él no escucha, no sabe a dónde se dirige, se estremece…, lo guía un llamado interior., ¿quizás “ancestral”…?
Continúa su marcha…; …el suave sonido y leve movimiento de una planta atraen su atención…; se detiene asombrado por lo que ve…, lo sabe, “es ella”, paralizado, la contempla y observa como comienza a lagrimear y a emerger, esclava del receptáculo que la aprisiona, luchando para obtener su libertad…
La flor negra lloró.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Realice aquí su comentario.